A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
Hola, soy Mery. Tengo 27 años y este septiembre me voy nueve meses de la tierra catalana para ir de misión a La Pincoya, en Santiago de Chile, con la Fundación Misericordia.
Para mí no es simplemente un viaje. Es un sí que lleva tiempo creciendo dentro de mí. Me voy a La Pincoya con el deseo de vivir como una más, de escuchar, de estar, de servir y de dejar que Dios transforme mi corazón a través de las personas que ponga en mi camino. Quiero aprender a amar mejor, con un corazón de niña y con la mirada alzada al cielo.
Rumbo a La Pincoya, rumbo a su Misericordia.
“Serví y mi recompensa fue la paz”.
Misericordia nació en 2013 en La Pincoya, un barrio emblemático de la capital chilena. El Centro Misericordia es un lugar de apoyo y referencia para 500 familias del barrio.
Estar de misión en Chile es sumergirse en el ambiente latino del mercado; escuchar a los perros ladrar al paso de las calesas; ser recibido con generosos abrazos…
También significa descubrir situaciones de gran precariedad y, en ocasiones, de violencia. Nuestra presencia alegre es una respuesta concreta de la Iglesia ante el grito de la pobreza.
La misión de Misericordia es entregar nuestra vida en barrios pobres y vulnerables, poniéndonos al servicio de las familias que viven situaciones de gran precariedad. Al vivir con ellas, su barrio se convierte en el nuestro.
Cuando vivimos esta experiencia de cercanía cotidiana, confianza y escucha, surgen proyectos que responden no solo a sus necesidades más básicas, sino también a sus aspiraciones más profundas: nuestro trabajo se basa en una visión cristiana integral de la persona humana.
A alojarme en el barrio donde se desarrolla la misión.
A entregarme una asignación que nos permita vivir sencillamente.
A financiar una parte de los gastos relacionados con los proyectos misioneros.
A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.